Cómo gestionar las rabietas de los niños

rabietas infantilesEs importante comprender que lo que se haga en edad infantil con un hijo es fundamental para su evolución futura como persona.

La etapa de 0 a 5 años es la más importante en la vida de una persona: todo lo que transcurre en los 5 primeros años de vida marcará de forma definitiva la evolución de nuestro hijo.

Un ejemplo lo tenéis en la educación de los hábitos alimenticios: hay numerosos estudios que evidencian la relación entre los malos hábitos alimenticios adquiridos antes de los 5 años y determinadas enfermedades tales como la diabetes o la hipertensión.

Otro ejemplo lo podéis encontrar en la asimilación de otros idiomas desde bebés: es en esta edad cuando se forman la mayoría de conexiones neuronales del ser humano, y una temprana exposición (siempre bajo un enfoque adecuado) al bilingüismo favorecerá no sólo su correcto uso en años futuros, sino también numerosas ventajas desde la perspectiva de desarrollo social, de desarrollo cognitivo, capacidad de memorización…

Y un último ejemplo lo tenéis también en su educación como persona: si el niño aprende desde pequeño que no todo se puede conseguir a la primera, será un niño que podrá afrontar mucho mejor las situaciones complejas cuando sea mayor.

En este sentido, es fundamental que el niño haya sido educado desde pequeño en la cultura del esfuerzo; en el “no”; en que las cosas se consiguen a base de trabajo. Solo asimilando desde pequeños las frustraciones podrán desarrollar plenamente su autoestima y afrontar los problemas adecuadamente el día de mañana

 

Muchos padres tienen miedo a decirle “no” a su hijo

En muchas de las tutorías que tenemos con los padres de los alumnos de nuestros centros, nos plantean ya sea de forma directa o indirecta (a través de ejemplos de su día a día con su hijo) la inseguridad que les genera en ocasiones llevarle la contraria al niño.

Sin duda alguna, las generaciones actuales de padres presentan niveles muy elevados de formación, y con una predisposición muy elevada a aprender cómo tratar a su hijo. No obstante, también somos conscientes de que en muchas ocasiones, las altas cargas de trabajo o la incorporación al mundo laboral de ambos miembros de la pareja hacen que, sin darse uno cuenta, tendamos a complacer a nuestros hijos en la gran mayoría de sus peticiones, aún cuándo estas sean sencillas (“quiero ver un rato más la televisión”, “hoy me cuenta el cuento papá y no mamá”, “hoy no me quiero bañar”…). Detrás de este consentimiento muchas veces se encuentra también nuestro miedo a llevarle la contraria al niño:

  • en ocasiones, tratamos de compensar (aún cuando sea involuntaria o inconscientemente) con estas pequeñas concesiones, el alto número de horas que pasamos en el trabajo…como forma de ganarnos su gratitud…
  • .…y al contrario, tenemos miedo a que nos ganemos su enemistad en caso de que le digamos “no” a cuestiones tan simples y menores
  • además, a veces uno cree que “es más sencillo decir que sí a sus solicitudes con tal de que se logre una convivencia más tranquila en el hogar»

 

Las consecuencias de no aprender a gestionar la frustración desde pequeños pueden ser muy negativas

Es fundamental educar a los hijos en la asimilación de la frustración desde muy pequeños.

Es sobre todo entre los 2 y los 5 años cuando los hijos van a presentar con mayor frecuencia las denominadas “rabietas”, por las cuales mostrarán signos de agresividad ante respuestas negativas a su demanda. Sin embargo, una actitud de consentimiento permanente de los padres hacia los niños sólo hará que el niño incremente progresivamente su nivel de demanda hacia ellos: lo que inicialmente es una rabieta por no poder ver la televisión cuando quiere, con el tiempo pasará a ser una rabieta por no tener el último gadget tecnológico, una bicicleta mejor…

Así, es fundamental que, desde pequeño, el niño aprenda a manejar sus emociones y, en este caso, la frustración de no poder conseguir aquello que quiere en el mismo momento. En caso de que un niño no sea capaz desde pequeño de gestionar por sí mismo estas situaciones, su grado de frustración será tan grande que desembocará en altos niveles de agresividad e incluso depresión. Por tanto, hay que ser conscientes de que, cuando se muestra hacia el hijo una actitud permanente de “mimo” y tolerancia, le estamos haciendo un flaco favor. Es fundamental que aprenda desde pequeño a tolerar y resolver por sí mismo la frustración, y privarle de ese “entrenamiento” le estará limitando en su desarrollo como persona.

¡Hay que aprender a ignorar al niño! 

En mayor o menor medida, que un hijo tenga rabietas en edad infantil es algo inevitable. Lo importante es cómo los padres, en su rol de educadores, se enfrentan a estas rabietas:

  • Es fundamental, ante un berrinche, mostrarse sereno y no gritar: si uno se muestra nervioso y grita, se estará poniendo a la altura del niño y éste será consciente de que con su actitud puede manejar a sus padres a su antojo.
  • Ante una rabieta no hay que intentar razonar con los hijos.
  • Ambos miembros de la pareja tienen que estar alineados: el niño debe percibir a la pareja como un solo ente, sin encontrar debilidades ni contradicciones ante el berrinche. Es importante no llevarse la contraria delante del niño. Las diferencias habrá que hablarlas en otro momento en el que el hijo no esté presente.
  • Es muy positivo que el niño vea en sus padres el ejemplo  a seguir ante las frustraciones del día a día. Por ejemplo, es muy posible que uno tenga un mal día en el trabajo y esté cansado, en estos casos el niño ha de entender que sus padres también pueden mostrar frustraciones pero también ver que las resuelven desde la tranquilidad. Así pues, no es bueno que vuestros hijos os vean furiosos o de mal humor ante los problemas del día a día. .
  • Es importante marcar la distancia física ante el berrinche, mostrándole al niño que lo que está haciendo en ese momento no nos importa.
  • El niño tiene un gran temor ante la indiferencia de sus padres: por lo tanto, es bueno marcar una distancia emocional como barrera ante el berrinche, de forma que el niño perciba que con su enfado no logra afectarnos.
  • Y ante todo, los padres tienen que ser capaces de ignorar las rabietas del hijo:
  1. Si el niño percibe que, ante un berrinche derivado de un “no”, sus padres le hacen demasiado caso, o incluso gritan, él entenderá que su berrinche tiene aceptación y por tanto volverá a repetirlo en el futuro.
  2. Si, por el contrario, ve que el  berrinche no afecta a sus padres, progresivamente comprenderá que gritar no es una medida efectiva para resolver los problemas.
  3. De este modo, el niño entenderá que gritando no consigue nada:
  • ni un resultado positivo ante su “capricho” ni
  • alterar a sus padres generando un enfado en ellos (en este caso, pese a no conseguir el resultado positivo que desea, sí habría conseguido captar su atención que es el fin último de toda su actuación)
  • Por tanto: ¡hay que ser pacientes y aprender a ignorar las rabietas de nuestro hijo!

 

Artículo de Elvira Martínez López – Directora Comercial de Escuelas Infantiles Alaria (Grupo Arcadia) 

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