La comunicación entre padres e hijos en el primer año de vida

La comunicación con los hijos en el primer año de vida:

El contacto con un hijo empieza ya cuando los padres se enteran que van a tener un bebé; es probable que los padres comiencen a  sentir una conexión con su hijo ya en la primera ecografía al escuchar el latido de su corazón.

Durante los meses de embarazo, los padres tendrán tiempo de pensar, de imaginarse cómo será su hijo y cómo serán ellos como padres. Este fantasear con el futuro hijo hará a los padres ponerse en contacto con la gran experiencia que van a tener.

Durante los primeros doce meses el desarrollo del niño es asombroso, físicamente multiplica por tres su peso y se desarrollan enormemente sus funciones cerebrales y las capacidades sensoriales. Además en este primer año irá descubriendo su cuerpo, se dará cuenta que hay un otro diferente a él y tratará de explorar todo lo que le rodea.

Vínculo entre padres e hijos

Llamamos “vínculo” a la relación afectiva y emocional que se da entre un niño y la persona que lo cuida. Para que esa relación sea especial debe existir una comunicación afectiva, acogedora, íntima… en la que tanto padres como hijo disfruten y sientan agrado y placer al estar juntos.

Esta relación especial se irá desarrollando poco a poco por lo que, pasados unos meses tras el nacimiento, el niño preferirá estar con esa persona con la que ha creado un vínculo.

Algunos factores que ayudan a que se genere un buen vínculo entre padres e hijos:

–          Sentir cerca a mamá y papá

Cuando el niño nace ya lleva meses escuchando hablar a su mamá por lo que desde el primer día ya la reconoce por la voz y el olor; será bueno para él que su mamá lo tenga cerca de su piel, hablarle, acariciarle, sentirla cerca le hará enfrentarse mejor a un mundo totalmente nuevo para él.

Desde el primer día los padres pueden empezar a comunicarse con su bebé, es aún muy pequeño pero ya le transmitimos muchas cosas. Tenerlo en brazos, hablarle suavemente, cantarle una canción, mirarse el uno al otro es tan importante como cambiarle los pañales o que esté bien alimentado.

Si el bebé siente el disfrute y la cercanía de sus padres, estos le estarán transmitiendo seguridad y placer en el contacto.

–          Ayudar a regular sus emociones

Los padres suelen sentir preocupación cuando oyen llorar a su hijo y no saben qué le pasa, pero llorar es una de las formas, que tiene el bebé, más importantes de comunicarse. Pasarán todavía muchos meses hasta que pueda emitir palabras por lo que con el llanto nos informará de muchas cosas: sueño, dolor, hambre, necesidad de estar acompañado etc.

Muchos padres se preguntan si han de cogerle en brazos ya que temen que se acostumbre y lo puedan malcriar, pero mostrarse disponible cuando el niño es tan pequeño le ayudará en muchas áreas: si le cogemos cuando llora e intentamos calmarle le estaremos ofreciendo seguridad, empezará a sentir: cuando necesito algo vienen mamá o papá y me ayudan. Además le estaremos mostrando muchos recursos para calmarse y poco a poco a medida que vaya creciendo podrá usar esos recursos porque los habrá interiorizado.

Además del llanto que escucharemos cada vez que nuestro hijo tenga alguna necesidad también veremos como poco a poco el niño expresará muchas emociones a través de la expresión de su rostro o los primeros balbuceos; de esta manera nos estará trasmitiendo todo lo que siente (alegría, sorpresa, miedo etc.) El tiempo pasado juntos nos ayudará a conocer cada vez mejor a nuestro hijo por lo que en pocos meses sabremos por sus expresiones qué le pasa o qué necesita.

Si el bebé siente que sus papás le ayudan a regular sus emociones se sentirá más tranquilo, más seguro e irá adquiriendo herramientas para, en un futuro, poder regularse a si mismo.

–          Adaptarse al temperamento

Desde los primeros días podemos observar cómo es el temperamento del niño, cómo se muestra en el contacto con sus papás, cómo reacciona a los sonidos, cómo expresa sus emociones etc. Hay niños más sensibles, que se sobrecargan más fácilmente, niños a los que quizás les cueste más calmarse o que demandan más atención cuando tienen ciertas necesidades.

Para los padres puede suponer un gran reto encontrarse con un bebé con un fuerte temperamento,  dinámico y mucha vitalidad. También puede ocurrir lo contario, nos podemos encontrar con un bebé tranquilo, sosegado y esto también puede suponer un reto para los padres sobre todo si lo habían imaginado diferente. Adaptarse al bebé y respetar su carácter le ayudará a desarrollar bien su personalidad.

Si el bebé siente que sus padres se adaptan a su temperamento crecerá sintiéndose más seguro de si mismo.

–          Jugar con el bebe

A primera vista jugar puede parecer algo sencillo, todos lo hemos hecho de pequeños pero jugar con un bebé que no habla, no camina y no entiende el significado de las palabras puede resultar  complejo para algunos padres. La idea fundamental es disfrutar juntos y pasar un rato agradable.

El juego va a ir evolucionando a lo largo de este año. Los primeros meses el bebé encontrará placer en moverse, escuchar sonidos, la sonrisa o la voz de papá y mamá… poco a poco reclamará cada vez más al adulto; encontrará un gran placer al hacer con sus papás juegos de repetición y alternancia, donde los padres repiten un sonido y el bebé anticipa lo que va a ocurrir o donde los papás hacen un gesto y el bebé lo imita. Esto nos indica la gran capacidad para comunicarse que tiene un niño desde muy pequeño y el gran placer que le provoca hacerlo con papá y mamá.

A medida que nos acercamos al primer año el niño habrá alcanzado una gran habilidad motriz,  a partir de entonces todo puede convertirse en un juego, coger comida con una cuchara, lanzar algo y ver dónde llega, hacer garabatos en un papel etc.. Todas estas experiencias le van a hacer aprender cómo funciona el mundo en el que vive, a desarrollarse motriz y emocionalmente y disfrutará enormemente de compartir esta experiencia con sus papás.

Si los padres dedican ratos a jugar con su bebé le estarán trasmitiendo placer al estar juntos y muchos momentos de diversión.

El niño nace con una gran sensibilidad a todos los estímulos que le llegan, por eso a través del contacto con el adulto irá reuniendo experiencias que poco a poco le harán tener una noción de si mismo. Si estás experiencias son de placer, agrado, tranquilidad, bienestar, seguridad etc. irá creando una buena identidad y una buena relación consigo mismo,  tan importante en la posterior relación con los demás.

 

Artículo de Berta Ponce Psicóloga especializada en Psicoterapia infantil. Socia de Calzada Ponce Psicólogas (www.psicologasmadrid.com)

 

 

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